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Las Mercedes queda desprotegida, Policía se retira en medio del abandono

El corregimiento de Las Mercedes, en el municipio de Sardinata (Norte de Santander), amaneció este jueves sin presencia de la Policía Nacional. La medida, que responde a un retiro temporal ordenado tras un consejo de seguridad, ha desatado un profundo sentimiento de incertidumbre entre los habitantes, quienes hoy sienten que la institucionalidad los ha dejado solos ante un escenario históricamente atravesado por la violencia y el conflicto armado.

Aunque las autoridades han explicado que el retiro se debe a las precarias condiciones de los uniformados quienes vivían desde hace años en casas particulares sin seguridad, adecuación ni servicios básicos, el trasfondo del problema es mucho más grave, se trata de un abandono estatal sistemático que hoy se hace aún más evidente.

La región de Las Mercedes no es ajena a los riesgos de orden público. Su ubicación estratégica y la presencia histórica de actores armados ilegales han convertido a esta comunidad en un territorio vulnerable. Por ello, la salida de los pocos agentes que brindaban seguridad, aunque en condiciones indignas, ha sido recibida con preocupación y temor. “Es un reflejo del abandono total de Las Mercedes”, aseguran líderes comunitarios, con el tono de quienes ya han vivido demasiadas promesas incumplidas.

Desde el Ministerio de Defensa se ha dicho que se construirá una nueva estación de Policía, una promesa que data del año pasado pero que, hasta el momento, no ha tenido ni un solo ladrillo puesto. Este retraso no solo evidencia fallas en la planeación y ejecución de las políticas de seguridad, sino también una desconexión profunda con las realidades que enfrentan las comunidades rurales del país.

El Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, pero también de velar por la dignidad de quienes están encargados de prestarla. Hoy, Las Mercedes es un símbolo de la doble omisión: ni protección para sus habitantes, ni condiciones dignas para los policías que deberían protegerlos.

Mientras tanto, los pobladores quedan en una especie de limbo, esperando que la institucionalidad regrese no solo con presencia armada, sino con soluciones reales, sostenibles y respetuosas de su dignidad y derechos.

Porque más que una estación de Policía, lo que urge es una presencia integral del Estado: con salud, educación, vías, oportunidades y por supuesto, seguridad. Las Mercedes no puede seguir siendo una nota al pie en los informes de orden público del país. Es hora de que se escuche su voz antes de que el abandono tenga consecuencias irreparables.

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