
Hace 47 días, Ever Carreño Corredor, conocido como Porras y recluido en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel La Picota de Bogotá, supuestamente inició una confrontación con un desertor de su organización criminal, apodado Pepino. Para eliminarlo, Porras habría aprovechado su alianza con Los AK47, otra banda de Cúcuta.
Según informes, Porras habría ordenado a sus hombres, que reciben órdenes por videollamadas, no permitir que Pepino se apoderara de su territorio, instándolos a eliminarlo junto con sus seguidores. Esta situación desató una ola de homicidios en Cúcuta desde mediados de mayo. El primero en caer fue Roger Nacin Trimiño Vargas, seguido al día siguiente por José Luis Pabón Ojeda, padre de Pepino, ambos asesinados en lugares cercanos al Palacio de Justicia.
Esta violencia se ha concentrado principalmente en el centro de Cúcuta y en los barrios San Miguel y Cundinamarca, generando además amenazas a comerciantes, cambistas y periodistas mediante videos, llamadas y panfletos.
El conflicto habría llevado a Pepino a buscar apoyo de la disidencia del Frente 33 de las Farc, que habría enviado al menos 15 matones a Cúcuta para enfrentarse a Porras y Los AK47. Este escenario se vio reflejado en un video viral donde alias Richard mencionaba la disputa con Los AK47 debido al malestar popular hacia ellos en Cúcuta.
Las estadísticas de la Policía Metropolitana de Cúcuta muestran un aumento preocupante de homicidios en la ciudad y su área metropolitana durante el primer semestre de 2024 en comparación con el mismo periodo del año anterior. Aunque otros delitos como el hurto y las lesiones personales han disminuido, la violencia homicida persiste, desafiando los esfuerzos de las autoridades locales.
Expertos como Kenny Sanguino y Isaac Morales sugieren que la situación no solo se limita a conflictos entre bandas criminales, sino que también involucra dinámicas complejas de migración, extorsión y control territorial, exacerbadas por la falta de oportunidades y la negligencia en políticas sociales y comunitarias por parte del gobierno local.
Ante este panorama sombrío, organizaciones sociales en Cúcuta están considerando estrategias similares a las implementadas en Medellín y Buenaventura, buscando dialogar con grupos ilegales urbanos para alcanzar acuerdos de paz. Mientras tanto, la Policía Metropolitana continúa con operativos intensivos para contrarrestar la violencia, aunque se enfrenta al desafío de una situación criminal cada vez más compleja y dispersa en la ciudad.
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