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Entre la modernidad y la historia un dilema de Ocaña

Por: María Fernanda Cárdenas

04 de abril de 2025

Me gustaría que todos los ocañeros recordemos qué es la identidad y la cultura, para tener una dimensión más amplia del peso que conlleva y del orgullo que representa tener una cultura que nos define. La identidad cultural es muy importante porque representa todos los factores que nos identifica y nos diferencia de otras culturas, como las tradiciones, el dialecto, la historia que nos hace únicos, lo cual fortalecen el patrimonio-cultural del municipio. Pero todo esto lo estamos perdiendo por la globalización, lo cual nuestra identidad y tradiciones enfrentan retos que amenazan su existencia. También por las influencias de las tecnologías que imponen ideas contrarias de la conservación de nuestra historia y lo hace ver como algo insignificante y aburrido, manifestándose a los jóvenes de hoy en día que las tradiciones, la historia y la conservación de lo propio es algo anticuado.

A nivel global, los usuarios de internet pasan por un promedio de dos horas y 21 minutos al día, conectados a las plataformas sociales. Esto es lo que revela Digital 2025, un informe anual sobre redes sociales publicado por DataReportal con datos de Global Web Index, y en Colombia, este tiempo es a un promedio de tres horas y 25 minutos. Este tiempo que dedicamos a las redes sociales podría ser mejor invertido en aprender y conocer nuestra cultura, explorando nuestras tradiciones y la historia que nos define.

Este fenómeno ha llevado a la difusión de nuestras costumbres, estilos de vida, lo que hace que eclipse nuestras tradiciones. Las generaciones más jóvenes, están más expuestas a una cultura global a través de medios como el internet, lo cual tienden a adoptar comportamientos que no siempre reflejan sus raíces culturales.

Es lamentable presenciar cómo mi Ocaña, tierra que amaña, pierde su identidad cultural. La infraestructura colonial, llena de historia e importante para nuestro municipio y para Colombia, está siendo sacrificada por un pensamiento de desarrollo equivocado. La misma comunidad ocañera está destruyendo todas estas memorias por el simple hecho de urbanizar, con centros comerciales, de dos o tres pisos para construir locales con la intención de ganar en lo económico sin importarles la historia de cada casona, derrumbando un hito importante que marcaron a nuestra Ocaña.

Un ejemplo de esto es el Hotel Sevilla, que actualmente es la Casa Azul; el Palacio de Gobierno, que ahora es el Hotel Hacaritama; o la famosa cafetería La Fuente Dorada que hoy en día es el centro comercial Santa María. Los ocañeros no hemos entendido que, si nosotros hubiéramos conservado y cuidado cada rincón de aquellas casonas en la zona centro, tendríamos un patrimonio importante en la historia colombiana y del municipio. Esto podría atraer a más turistas generando un aumento de economía y empleo, pero por un pensamiento de evolución y desarrollo equivocado, estamos demoliendo historia y patrimonio, dando paso a una selva de cemento sin significado y sin nada que contar.

Estamos perdiendo las memorias y las tradiciones de nuestros antepasados, por el simple hecho de adoptar nuevas formas de vidas ajenas a la nuestras, por un falso modernismo. Hoy en día, muchas tradiciones en Ocaña se han perdido y esto por la poca iniciativa de enseñanza de nuestra cultura y tradición por parte de las escuelas hacia las futuras generaciones, y también por el poco interés que le damos como comunidad ocañera a nuestra historia. Esto ha llegado hasta el extremo de sentirnos avergonzados de nuestro propio dialecto coloquial, donde utilizamos palabras como el “vos sí sos, bobo lindo, fuiste, vinistes”, llamándolo como un acento “corroncho”.

Además, muchos ocañeros no conocen de nuestra música folclórica, que relatan en sus letras la diversidad de poesía y de belleza ocañera. Por ejemplo, la canción del compositor Gustavo Quinn “Vos sos Ocaña”, con letras únicas que te llevan al pasado, arrullando con cada verso las remembranzas vividas que marcaron un capítulo en la historia y la memoria de cada paisano.

Otra canción para mí, muy representativa es esta joya del compositor y cantante Flaminio Molina con su canción “cajita de cartón”, que evoca en sus letras los recuerdos y costumbres provincianas de llevar consigo una cajita de cartón repleta de todas esas cositas que se dan todavía por aquí, como el pan ocañero, las cebollitas rojas, las cocotas y las estampillas de nuestra morenita virgen de la Torcoroma.

Todas estas tradiciones y recuerdos se están quedando en el pasado. Es raro ver a los niños jugando en las calles a la peregrina, al trompo, a materile, al puente está quebrado, al ponchado, las canicas, entre otros juegos. Antes, era muy raro ver llegar a un niño con su ropa limpia, ya que disfrutaban sin preocuparse por dañar su ropa, simplemente se dejaban llevar por el momento y disfrutaban con sus amigos, poco les importaba que sus mamitas los corretearan con una chancla en la mano. Esto sí era la verdadera niñez, vivirla al máximo. No como ahora, donde la tecnología, en especial los celulares, hacen que parezcamos zombies consumidos por una pantalla, que no aporta nada bueno para nuestra salud mental y les roba a los niños su verdadera niñez, una niñez sin recuerdos, sin saber a qué sabe el barro, jugar bajo la lluvia, o deslizarse en un cartón por una calle empinada. Todos estos recuerdos con el paso del tiempo quedaron en el olvido.

Da mucho dolor ver como cada día las nuevas generaciones no conocen los bailes típicos, como la machetilla, la ocañerita o que significa los monumentos que se encuentran en las diferentes zonas de Ocaña, lo más frustrante es que la comunidad no comprende que al seguir perdiendo todas estas tradiciones, estamos ocultando nuestra propia identidad, y escondiéndole al mundo quienes somos, de donde son nuestras raíces y olvidando las costumbres de nuestros antepasados, perdiendo lo histórico, social y económico.

A pesar de que Ocaña cuenta con entidades de Educación, Cultura y Turismo que intentan sostener la historia y transmitir el arte a través de dinámicas, juegos, bailes, fiestas patronales y la gastronomía, como en las ferias donde se reúnen muchos emprendimientos locales para dar a conocer sus productos hechos con tradición y amor, y a través de esto contar la historia de su elaboración, es allí donde se refleja la identidad cultural de mi linda Ocaña y sus alrededores.

Un ejemplo de esto son las fiestas de carnavales que se realizan cada comienzo de año, del 4 al 6 de enero, una puesta en escena cultural de muchos años de tradición que atrae a turistas, que genera empleo local, la unión en familias, conciertos con artistas nacionales e internacionales y un encuentro múltiple de diferentes culturas, un escenario que refleja la alegría de la comunidad ocañera y lo amable que somos. Pero en los últimos años, nosotros mismos como comunidad estamos manchando el legado de hace tantos años, con la inseguridad y el vandalismo, donde estas fiestas ya no reflejan felicidad, sino miedo, desorden, faltas de respeto hacia las personas. Muchos turistas que nos visitan reflejan su descontento e inconformidad al ver la falta de cultura y civismo en la región. Y es así, como los ocañeros tenemos un gran reto de salvar nuestras fiestas y tradiciones para poder celebrar con seguridad y alegría nuevamente, a partir de la unión y compromiso.

Aún se ve una deficiencia participativa por parte de los habitantes de la región en las muestras culturales y la conservación de las mismas, solo se ve reflejado o poco visto ver gente disfrutando de los parques o a un escaso grupo de habitantes de la tercera edad que se reúnen de vez en cuando en las plazas para disfrutar, bailar y deleitar con la música carranga, hablar con amigos tomando un rico café y ver caer la tarde o simplemente deleitarse del ambiente, es raro ver a jóvenes participar con este tipo de planes, donde se ve solo nuestros abuelos.

Recuperar nuestras tradiciones es un desafío que se debe enfrentar en conjunto. Desde las escuelas enseñando la historia priorizando, nuestra cultura a través de cartillas, charlas con expertos, llevando a los niños y jóvenes a los museos para que se relacionen con la historia y tengan un viaje al pasado mostrándoles momentos más importantes que han pasado en nuestra región. Los padres también deben incentivar el deseo de aprender sobre el lugar que nos vio nacer, mostrando a los niños y reflejando la diversidad y la historia que nos identifica.

Las comunicaciones están cada vez más fuertes, y estas herramientas deben ser nuestras más grandes aliadas y crear espacios en la televisión y las redes, donde se muestre la diversidad de nuestra cultura, recordándoles a los ocañeros que nuestra región es nuestro hogar y que es nuestra responsabilidad cuidarla y conservarla. La lucha por no perder las tradiciones de nuestros ancestros apenas comienza y cada uno de nosotros tiene un papel crucial en este esfuerzo.

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