En medio de una región históricamente marcada por el conflicto armado, el abandono institucional y la persistente presencia de grupos armados ilegales, el Gobierno Nacional anunció con optimismo la apertura de una nueva ruta aérea entre Cúcuta y Tibú, en el corazón del Catatumbo. Durante el acto inaugural, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, aseguró que “están dadas todas las garantías de seguridad” para la operación aérea, que se realizará tres veces por semana: lunes, miércoles y viernes.
“Este gobierno está cumpliendo para transformar social y económicamente el territorio”, afirmó el jefe de la cartera de Defensa, destacando que la ruta aérea operada por Satena representa una apuesta por la integración del Catatumbo con el resto del país y el mundo. Según Sánchez, esta es una muestra concreta de que el Catatumbo “nunca ha estado solo”.
Sin embargo, para muchos habitantes del territorio, estas declaraciones contrastan con la realidad cotidiana. A pesar de los esfuerzos por impulsar la conectividad, el Catatumbo sigue siendo escenario de combates entre actores armados, desplazamientos forzados, confinamientos de comunidades y un control territorial que desborda las capacidades institucionales. El anuncio de nuevas rutas aéreas es, para algunos líderes sociales, una medida superficial si no viene acompañada de una intervención integral y sostenida que priorice la vida, la educación, la salud y la justicia.
Aun más polémica fue la afirmación del ministro al señalar que “también por vía terrestre, ustedes pueden ir a Tibú sin ningún problema”, una frase que genera inquietud si se tiene en cuenta que los corredores viales del Catatumbo están constantemente afectados por retenes ilegales, amenazas y presencia de minas antipersonal.
Si bien conectar a Tibú por aire puede facilitar ciertos desplazamientos, la realidad en tierra es otra. El miedo sigue siendo parte del día a día para campesinos, líderes comunitarios y defensores de derechos humanos. En ese sentido, expertos en seguridad y paz coinciden en que las verdaderas garantías no se logran solo con vuelos comerciales o discursos alentadores, sino con una presencia estatal real, que escuche, proteja y transforme de manera estructural las condiciones de vida en la región.
La llegada de Satena a Tibú puede ser un paso, pero el camino hacia un Catatumbo en paz aún es largo y empedrado.
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